"DE NADA PUEDO HABLAR COMO MAESTRO, DE TODO COMO ENTUSIASTA" JOSÉ ORTEGA Y GASSET

lunes, 27 de julio de 2020

Oda a la rebeldía

Al final todo encaja, sólo es preciso tomarse el tiempo necesario


Siempre me he preguntado porque es tan habitual hacer lo que se espera que hagas aunque ello suponga sacrificar lo que tú realmente deseas hacer.

De pequeña me llegaron a decir que llevar la contraria era de mala educación, que lo conveniente era aceptar la norma general aunque a mi no me cuadrase para nada, que rebelarse equivalía a ser mala persona... tal cantidad de trabas me ponían a tener criterio propio que me he pasado buena parte de mi vida adulta soltando esa retafila de programas.

Lo bueno de llegar a los 50 años es que ya no sientes tanta presión, al menos en mi caso, y puedo guiarme por esa vocecita interior, intuición o lo que sea, con independencia del sentir generalizado.
Y ser la "oveja negra" no está tan mal, la libertad infinita que te ofrece compensa con creces el lidiar con la desaprobación de quienes aprecias y te importan, porque al final si el aprecio es mutuo lo aceptan, más o menos. Si procuras que tus palabras o actos no dañen intencionadamente a otros, hacer lo que te parece correcto a tí, y no al resto del mundo, lo encuentro natural. A pesar de la connotación negativa que tiene la expresión "rebelde" pienso que la rebeldía es positiva o negativa según el propósito que encierra como tal.

Además aceptar lo que te salga al paso sin cuestionar siempre me ha venido mal, algo en mi interior me decía que no, que por ahí no iba bien, y bendita rebeldía, que me ha sacado en muchas ocasiones de verdaderas encerronas.

Ahora como madre me toca sobrellevar la rebeldía de una preadolescente, e intento en la medida de lo posible no contradecirme. Cuando mi hija era pequeña y mis palabras eran muy importantes para ella le dije en más de una ocasión que lo cuestionase todo, incluso mis palabras, que no existen verdades absolutas, así que ahora aguanto el chaparrón como buenamente puedo. Quería que fuese una librepensadora y vaya si lo conseguí, je, je. Y como la familia es el blanco perfecto para ensayar esta obra de teatro que es la vida, observo pacientemente y acepto sus razonamientos aunque estén en las antípodas de mi pensamiento, a veces me río y otras me dan ganas de tirarme de los pelos, pero curiosamente al final todo fluye, y mi hija me da alguna que otra lección que me deja perpleja.


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https://www.youtube.com/watch?v=E71eslq_P6E




lunes, 13 de julio de 2020

Tarde en Babia, León


Hay tantas energías que mueven el mundo ...



Fui a la laguna bella y allí me encontré con ella
bailando en el aire, centelleando en la superficie de cristal.
Sentí la energía de mi otra madre, esa preciosa esfera llamada Tierra
que me acunaba y besaba mis ojos, allí, entre la laguna y la sierra.

 

Ella es la que me da el impulso que me sostiene
me recarga las pilas y me mantiene
con el corazón alegre y la mente enfocada en lo que me llena.
En su presencia digo adiós a las penas y siento la Vida correr por mis venas.



miércoles, 1 de julio de 2020

Recuperar el control de la vida


Hace un tiempo, menos de 2 años, hubo un gran cataclismo en mi vida. Tenía una amistad muy cercana con una persona a la que parecía que todo le salia mal, no era feliz nunca. Y un día, un acontecimiento inesperado provocó una ruptura total de dicha amistad, y aunque fue el golpe de gracia de una época bastante desgraciada, resulto ser bastante liberador.

Sentí un alivio casi inmediato. Compartir muchas horas de tu vida con alguien que te recuerda a menudo la suerte que tienes porque tú eres más o menos feliz, mientras que ella es una victima constante del destino es un auténtico calvario.

Al principio me conformé con la sensación de libertad que me dejó dicha ruptura. Pero luego decidí indagar sobre el porqué algunas personas son tan infelices, y como es posible que condicionen tanto la vida de los demás.

Una vez recuperado mi optimismo y recobrada la capacidad de ver la vida con inocencia, y con gratitud por cada amanecer de cada nuevo día (soy una optimista incorregible, y durante demasiado tiempo decidí olvidar mi auténtico yo) me puse a investigar sobre el victimismo y el autosabotaje que algunas personas se hacen a si mismas, y de rebote a los demás.

Leí sobre algo que ya intuía, las gafas invisibles que te pones nada más despertar en la mañana, condicionan totalmente tu percepción de lo que va ser la jornada. Hay personas que se despiertan y sus primeros pensamientos son de preocupación, culpa, juicio... un rosario de sentimientos que nada bueno auguran. Ese suele ser el perfil de víctima que no levanta cabeza y nada le sale bien.

Descubrí que la preocupación debería de ser sólo una punzada, un breve instante que te tiene que impulsar a buscar una solución. Recrearse en ella no sirve de nada y hay que echarle coraje y buscar alternativas, mejores o peores, pero lo puedes intentar. Y si no lo haces te conviertes en víctima voluntaria, si no eres capaz de poner toda tu energía en una posible salida del atolladero en el que te hayas metido.

La culpa, más de lo mismo, tomamos las decisiones que tomamos en función de la información que disponemos en ese momento. Si luego descubres que te equivocaste, lo mejor es  pedir perdón si es el caso, y rectificar, no hay otra.
El desconocimiento si exime de culpa, digan lo que digan las leyes. Te tienes que perdonar porque aprendemos equivocándonos, y sea más o menos grave la equivocación nada se gana sumándote al drama, sólo sirve para hacerlo aún mayor.

Y en cuanto a esa manía que tenemos de juzgar a los demás, es un sinsentido. Yo no calzo los zapatos de otra persona, no sé lo que puede pasar por su cabeza, y cuando juzgo y normalmente condeno, me estoy desestabilizando por algo que puede que ni siquiera sea como lo imaginé. Así que resulta igual de dañino que lo anterior. Complicado de erradicar, el juicio, pero si te lo propones lo puedes disminuir una barbaridad.

Todo esta información me sirvió para comprender que lo que sientes es lo que vives, si te sientes victima vivirás como una victima, y si te sientes capaz de salir adelante, sea como sea sales adelante.
Con esta perspectiva comprendí que al final tú eliges y que pensar que el destino dirige tus pasos es demencial. Me di cuenta de que yo soy la  responsable de mi vida, capaz de decidir donde pongo el foco de atención y a que cosas le doy valor, sintiéndome más libre y más feliz que nunca.

He gastado buena parte de mi vida condicionada por lo que sucedía a mi alrededor, y así mi optimismo natural se oscurecía ante las desgracias propias y ajenas, a veces un poquito y otras un montón. Hablo ya en pasado, porque hoy por hoy intento mantener a raya el miedo, la culpa, el juicio, y todo lo que no me sirve y para encima me desequilibra.

En el mundo hay desgracias, si, y si puedo arreglarlo intento poner todo de mi parte para buscar una solución, y si no es posible o no depende de mi, acepto que no es posible hacer nada y lo dejo estar, consciente de que hago lo que puedo.

Escribo todo esto porque aunque sé que la mayoría de las personas que lo puedan leer les sonará a cuento de hadas, es posible que alguien se esté haciendo las mismas preguntas que yo me hice y que pueda encontrar alguna idea que le sirva.

No volvería atrás, a esa desvalorizada concepción de la vida, por nada del mundo. Hay muchos lastres que quitar para poder saborear la vida, y me estoy desprendiendo de todos los que puedo porque la vida es bella, y lo que crees lo creas, y no son palabras vacías, lo digo de corazón.


Para recordar quien eres necesitas olvidar lo que otros te dijeron que eras


En un blog amigo se trata este tema desde otra perspectiva, muy interesante, dejo a continuación el enlace a estas dos entradas: