"DE NADA PUEDO HABLAR COMO MAESTRO, DE TODO COMO ENTUSIASTA" JOSÉ ORTEGA Y GASSET

domingo, 25 de noviembre de 2018

Lo bueno de tener mascota


Hace unos meses ampliamos la familia pues hemos acogido a nuevo miembro gatuno. Se trata de una gatita, Manchitas. El nombre se lo puso mi hija porque es blanca con manchitas negras.

Aunque la responsabilidad de un animal no es poca cosa, lo bueno compensa sus trastadas y el trabajo que la minina supone. Hoy voy a hablar de las cosas buenas que Manchi me aporta.

Ahora que es invierno, es una estupenda bolsa de agua caliente para los pies cuando te vas a dormir. Y su ronroneo me encanta, hay personas que lo encuentran molesto, no es mi caso, a mi me tranquiliza.

Al levantarnos de la cama he observado como se estira y pone a punto todo su cuerpo para comenzar el día con buen pie, pata mejor dicho, ji,ji. Pues bien, he adoptado su costumbre de estirarme justo antes de levantarme y me viene de maravilla.

Después de desayunar, Manchi es veloz porque siempre tiene un apetito tremendo, tiene además la cabezonería de venir a mi regazo para acompañarme mientras termino mi desayuno, y se instala de tal manera que no hay quien la baje. Al principio me parecía un fastidio, pero he acabado cediendo y tras desayunar me tomo unos minutos acariciándola y organizando en mi mente las cosas que tengo que hacer al empezar el día. Lo bueno es que ya no me levanto de la mesa a toda pastilla para empezar la jornada, y esos diez minutos de relax han resultado ser muy provechosos.

Es tan cariñosa, que si tengo alguna preocupación sólo tengo que sentarme y ella viene a mi regazo feliz y ronroneante, y de alguna forma su felicidad me acaba contagiando, y me ayuda a despejar las preocupaciones.

Definitivamente este nuevo miembro de la familia es un tesoro, me quita bastante tiempo, si, pero al final la vida es gastar el tiempo de la mejor manera posible, y gastarlo reposando con ella, o jugando con ella que es un torbellino, es tan buena como cualquier otra.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Conversaciones con Dios


Este es un libro muy peculiar, hay que tener la mente bastante abierta para empezar, adentrarse, y llegar hasta el final. Se parte ni más ni menos de que el autor ha conversado con Dios y decide dar a conocer el contenido de dichas conversaciones.

Independientemente de que creamos o no que el autor ha mantenido tales conversaciones, su contenido es increíble, en el mejor sentido de la palabra. La idea que se repite a menudo es que las personas somos los creadores de la realidad, no sólo con nuestras acciones y palabras, sino hasta  nuestros pensamientos pueden producir una consecuencia.

Es tan sencillo que parece irreal, pero durante meses he intentado poner en práctica mis conclusiones  del libro y he comprobado que cambiar la actitud hacia lo que nos rodea realmente cambia la realidad. Sin duda las personas somos más de lo que imaginamos, o nos ha hecho creer este mundo loco en donde se da valor a lo superfluo y se ignora lo que realmente importante, la persona.


Pongo unos fragmentos del libro que me parecen muy interesantes:

El pensamiento es el primer nivel de la creación.

A continuación viene la palabra. Todo lo que se dice es pensamiento expresado. Es creador, y emite energía creadora al universo. Las palabras son más dinámicas (por lo tanto, algunas pueden ser más creadoras) que el pensamiento, puesto que las palabras constituyen un nivel de vibración distinto de el del pensamiento. Trastornan (cambian, alteran, afectan) al universo, causando un gran impacto.

Las palabras constituyen el segundo nivel de la creación.
A continuación viene la acción.

Las acciones son palabras en movimiento. Las palabras son pensamientos expresados. Los pensamientos son ideas formadas. Las ideas son energías reunidas. Las energías son fuerzas liberadas. Las fuerzas son elementos existentes. Los elementos son partículas de Dios, porciones del Todo, la sustancia de todo.

...

La promesa de Dios es que tú eres Su hijo. Su descendencia. Su semejante. Su igual.

¡Ah!... aquí es donde el asunto se complica. Puedes aceptar lo de “Su hijo”, “descendencia” y “semejante”, pero rechazas ser llamado “Su igual”. Aceptar eso es demasiado. Demasiada grandeza, demasiado asombroso; demasiada responsabilidad, puesto que, si eres igual a Dios, eso significa que nada se te da a ti, sino que todo es creado por ti.

Ya no puede haber víctimas ni malvados; sólo resultados de tu pensamiento respecto a algo.

Te lo aseguro: todo lo que ves en tu mundo es el resultado de tu idea sobre ello.

¿Quieres que tu vida “despegue” realmente? Entonces, cambia tu idea sobre ella. Sobre ti. Piensa, actúa y habla como el Dios que Eres.

Por supuesto, eso te alejará de muchos - de la mayoría - de tus semejantes. Te llamarán loco. Te acusarán de blasfemo. Finalmente se hartarán de ti, y tratarán de crucificarte.

Actuarán así, no porque piensen que tu vives en un mundo producto de tus propias ilusiones (la mayoría de los hombres son lo bastante amables como para permitirte tus diversiones privadas), sino porque, antes o después, otros se sentirán atraídos por tu verdad, por las promesas que ésta encierra para ellos.

Y es en este momento cuando intervendrán tus semejantes, porque será en este momento cuando empezarás a representar una amenaza para ellos, ya que tu sencilla verdad, sencillamente vivida, ofrecerá más belleza, más bienestar, más paz, más alegría y más amor hacia uno mismo y hacia los demás que todo lo que tus colegas terrenales puedan idear.

Y adoptar esa verdad significaría el fin de sus costumbres. Significaría el fin del odio y el temor, de la guerra y la intolerancia. El fin de todas las condenas y asesinatos que se han cometido en Mi nombre. El fin de “la ley del más fuerte”. El fin de la lealtad y el homenaje por el temor. El fin del mundo tal como lo conocéis; y como vosotros lo habéis creado hasta ahora.

De modo que estáte preparada, alma buena; puesto que serás vilipendiada y despreciada, insultada y abandonada, y finalmente te acusarán te juzgarán y te condenarán - todo ello a su manera - desde el momento en que aceptes y adoptes tu sagrada causa: la realización del Yo.

Entonces, ¿por qué hacerlo?

Porque ha dejado de preocuparte la aceptación o aprobación del mundo. Ha dejado de satisfacerte lo que ésta te ha aportado Ha dejado de complacerte lo que les ha dado a otros. Quieres que cese el dolor, que cese el sufrimiento; que termine la ilusión. Estás harto de este mundo tal como es actualmente. Aspiras a un mundo nuevo.

Deja de aspirar a él. Ahora, haz que surja.



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Enlace al libro en formato pdf