"NO HAY UN CAMINO QUE LLEVE A LA PAZ, LA PAZ ES EL CAMINO" M. GANDHI
Trátate a ti mismo de la manera que quieres que te traten, no esperes que alguien te dé lo que tú no eres capaz de darte

domingo, 4 de noviembre de 2018

Conversaciones con Dios


Este es un libro muy peculiar, hay que tener la mente bastante abierta para empezar, adentrarse, y llegar hasta el final. Se parte ni más ni menos de que el autor ha conversado con Dios y decide dar a conocer el contenido de dichas conversaciones.

Independientemente de que creamos o no que el autor ha mantenido tales conversaciones, su contenido es increíble, en el mejor sentido de la palabra. La idea que se repite a menudo es que las personas somos los creadores de la realidad, no sólo con nuestras acciones y palabras, sino hasta  nuestros pensamientos pueden producir una consecuencia.

Es tan sencillo que parece irreal, pero durante meses he intentado poner en práctica mis conclusiones  del libro y he comprobado que cambiar la actitud hacia lo que nos rodea realmente cambia la realidad. Sin duda las personas somos más de lo que imaginamos, o nos ha hecho creer este mundo loco en donde se da valor a lo superfluo y se ignora lo que realmente importante, la persona.


Pongo unos fragmentos del libro que me parecen muy interesantes:

El pensamiento es el primer nivel de la creación.

A continuación viene la palabra. Todo lo que se dice es pensamiento expresado. Es creador, y emite energía creadora al universo. Las palabras son más dinámicas (por lo tanto, algunas pueden ser más creadoras) que el pensamiento, puesto que las palabras constituyen un nivel de vibración distinto de el del pensamiento. Trastornan (cambian, alteran, afectan) al universo, causando un gran impacto.

Las palabras constituyen el segundo nivel de la creación.
A continuación viene la acción.

Las acciones son palabras en movimiento. Las palabras son pensamientos expresados. Los pensamientos son ideas formadas. Las ideas son energías reunidas. Las energías son fuerzas liberadas. Las fuerzas son elementos existentes. Los elementos son partículas de Dios, porciones del Todo, la sustancia de todo.

...

La promesa de Dios es que tú eres Su hijo. Su descendencia. Su semejante. Su igual.

¡Ah!... aquí es donde el asunto se complica. Puedes aceptar lo de “Su hijo”, “descendencia” y “semejante”, pero rechazas ser llamado “Su igual”. Aceptar eso es demasiado. Demasiada grandeza, demasiado asombroso; demasiada responsabilidad, puesto que, si eres igual a Dios, eso significa que nada se te da a ti, sino que todo es creado por ti.

Ya no puede haber víctimas ni malvados; sólo resultados de tu pensamiento respecto a algo.

Te lo aseguro: todo lo que ves en tu mundo es el resultado de tu idea sobre ello.

¿Quieres que tu vida “despegue” realmente? Entonces, cambia tu idea sobre ella. Sobre ti. Piensa, actúa y habla como el Dios que Eres.

Por supuesto, eso te alejará de muchos - de la mayoría - de tus semejantes. Te llamarán loco. Te acusarán de blasfemo. Finalmente se hartarán de ti, y tratarán de crucificarte.

Actuarán así, no porque piensen que tu vives en un mundo producto de tus propias ilusiones (la mayoría de los hombres son lo bastante amables como para permitirte tus diversiones privadas), sino porque, antes o después, otros se sentirán atraídos por tu verdad, por las promesas que ésta encierra para ellos.

Y es en este momento cuando intervendrán tus semejantes, porque será en este momento cuando empezarás a representar una amenaza para ellos, ya que tu sencilla verdad, sencillamente vivida, ofrecerá más belleza, más bienestar, más paz, más alegría y más amor hacia uno mismo y hacia los demás que todo lo que tus colegas terrenales puedan idear.

Y adoptar esa verdad significaría el fin de sus costumbres. Significaría el fin del odio y el temor, de la guerra y la intolerancia. El fin de todas las condenas y asesinatos que se han cometido en Mi nombre. El fin de “la ley del más fuerte”. El fin de la lealtad y el homenaje por el temor. El fin del mundo tal como lo conocéis; y como vosotros lo habéis creado hasta ahora.

De modo que estáte preparada, alma buena; puesto que serás vilipendiada y despreciada, insultada y abandonada, y finalmente te acusarán te juzgarán y te condenarán - todo ello a su manera - desde el momento en que aceptes y adoptes tu sagrada causa: la realización del Yo.

Entonces, ¿por qué hacerlo?

Porque ha dejado de preocuparte la aceptación o aprobación del mundo. Ha dejado de satisfacerte lo que ésta te ha aportado Ha dejado de complacerte lo que les ha dado a otros. Quieres que cese el dolor, que cese el sufrimiento; que termine la ilusión. Estás harto de este mundo tal como es actualmente. Aspiras a un mundo nuevo.

Deja de aspirar a él. Ahora, haz que surja.



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Enlace al libro en formato pdf

5 comentarios:

  1. Muy interesante y estoy muy de acuerdo. Sri Ramana Maharshi (por ejemplo) decía: "[La noción o sentimiento de] 'Yo Soy' es Dios". Esa Conciencia impersonal, transpersonal, absoluta. No hablamos aquí del yo en minúsculas (el ego, el personaje psicológico).
    Mira lo que dice esta página de Advaita Vedanta (acabo de descubrirla, qué bien):
    "YO SOY DIOS"
    "Ir más allá del cuerpo y de la mente, fundirse en el silencio Eterno, es ser uno con Dios, Volver al nivel del cuerpo y de la mente es volver a ser una pequeña individualidad mientras que Dios es infinito. Nunca es en el nombre del hombre en el que podemos decir: "Yo soy Dios". En verdad somos Dios al nivel de nuestra realidad profunda. En cuanto al hombre, pertenece al mundo de las apariencias. Identificar una apariencia a la Realidad Esencial, no es más que delirio mental y blasfemia. De ahí que las enseñanzas que han afirmado la identidad esencial entre el hombre y Dios, y aquellos que han afirmado la irreductible diferencia entre el hombre, simple mota de polvo y Dios, tengan igualmente razón. En tu aspecto, aparente, es decir al nivel de tu cuerpo, tus sentimientos y tus pensamientos, eres indiscutiblemente diferente de Dios. No eres más que una minúscula parcela de su manifestaci6n. Opuestamente en tu aspecto Esencial, más ella del cuerpo y del siquismo, eres uno con Dios y son el Universo.
    Comprender esta doble verdad, es al mismo tiempo comprender que la Realizaci6n espiritual contiene los dos aspectos. El primer aspecto, el aspecto gnóstico, en el cual, aprendiendo a superar la mente, vivimos la experiencia de nuestra unidad con el Absoluto: Es el Vedanta, es el Jnana-Yoga. El segundo aspecto es el aspecto devociones: el Bhakti-Yoga, en el que viviendo al nivel del hombre, establecemos una relación con Dios. Lo amamos y lo adoramos por encima de todas las cosas. Nos abrimos a su Gracia Santificante. Nos sometemos a Su voluntad que se manifiesta a través de todos los acontecimientos de la vida. Llevamos a cabo todas las aspiraciones qué E1 ha puesto en nosotros, y así nos convertimos en su servidor.
    A la profundización de este segundo aspecto se han dedicado de una forma particular los místicos hebreos, cristianos y musulmanes.
    Sin embargo, así como lo afirmaba Ramana Maharshi, después de haberlo hecho un gran número se sabios hindús, y así como lo han expresado con una gran claridad los Sufistas: las experiencias del Conocimiento (Jnana) y de la devoción (Bhakti), se fusionan y devienen dos aspectos complementarios de la misma Realización.
    "Oh Señor, si me identifico con el cuerpo, soy tu servidor, cuando me considero un alma encarnada, soy una parcela de Ti mismos pero cuando realizo que yo soy el Yo, no soy más que uno contigo". (Adhyâtma - Ramayana)".

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  2. "Esta doble verdad". Estos dos niveles en los que se manifiesta (el) Ser. El águila y la gallina.

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    1. También encuentro muy interesante el texto que pones y lo comparto. Por lo que sé, muchas corrientes a lo largo la historia, hermetismo, sufismo y otras que has citado ... hablan del Dios que nos habita. Pienso que no somos Dios en sentido estricto pues abarca toda la creación, pero como el trozo de esa gran Energía que somos, anhelamos sentirnos parte de ese Todo y a nivel inconsciente sabemos que somos un fractal suyo (una copia a pequeña escala) como el águila sabía en su interior que no era una gallina, sí.

      Yo Soy el Yo Soy parece que suena a soberbia y para nada, es reconocer que somos almas infinitas, que encarnación tras encarnación buscamos volver a casa, que para mi no es otra cosa que conectarnos con el Todo del que formamos parte.

      Muchas gracias por la información que aportas, se puede llegar a esa idea partiendo de muchos sitios, algunas filosofías, religiones, escuelas de misterio ... curiosamente la mayoría acaban diciendo lo mismo.

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  3. Tocando totalmente de pies en el suelo (ja ja) tengo que decir que este texto tiene una buena colección de faltas de ortografía, de puntuación, errores... Es algo que hasta cierto punto "me molesta" o no acabo de entender, pues afea los textos. No entiendo cómo no pueden revisarse los textos antes de publicar (son minutos). Yo reviso hasta el último acento y signo de puntuación, comillas, frases... no me gustan los errores, aunque ciertamente no es cuestión de vida o muerte. Los textos citados en mi última entrada, sin excepción... lo mismo.
    Ya te he comentado que muchas corrientes, filosofías y religiones (o místicos, ascetas, maestros... ) apuntan a esa dimensión sagrada del ser humano, de su interior, conciencia... se denomina sabiduría o filosofía perenne y está en todas las culturas... incluso en los indios norteamericanos, claro que a veces la identificación con la naturaleza se hace más patente, eso depende.
    No me parece soberbia tal afirmación, pero hay que entenderla bien, claro. "Pepito Pérez" no es Dios. "Dios" una palabra que no me acaba de entusiasmar, está demasiado contaminada y condicionada. A veces se habla de divinidad... Brahmán en el hinduismo.
    Incluso la Biblia tiene una sentencia parecida: "Yo Soy el que Soy es la frase que Dios (Elohim) daría como respuesta cuando Moisés le interroga por su nombre".

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    1. A mi la ortografía no me preocupa mucho la verdad, a menudo me como acentos, otras veces los pongo, según el día en cuestión.

      Creo que ya hemos expuesto con bastante detalle nuestra idea de la divinidad, así que no veo necesidad de seguir ahondando en la cuestión. Si te animas a leer el libro, cuéntame luego qué te pareció.

      Abrazo

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