"DE NADA PUEDO HABLAR COMO MAESTRO, DE TODO COMO ENTUSIASTA" JOSÉ ORTEGA Y GASSET

lunes, 24 de enero de 2022

CAMINO DE SANTIAGO POR LA COSTA: RIBADEO-LOURENZÁ, MIERCOLES 30 DE JUNIO

Amaneció despejado, otro día soleado por delante. En esta ocasión no madrugué, mi salida de Ribadeo era bastante tardía por lo que dejé el albergue sobre las nueve y media. Previamente me despedí de Rufo con un emotivo abrazo que me salió sin más, le había cogido cariño en pocas horas. Y puse rumbo a la oficina de Correos, quería hacer un envío a casa para deshacerme del equipaje que me sobraba, un palo selfie que nunca llegué a usar, la guía que me había regalado Pedro y utensilios de cocina a los que tampoco daba uso, algo más de un kilo en total.

Tras la pesada cola de Correos y cumplimentado el trámite, me senté a desayunar en un terraza que había a pocos metros. La temperatura era agradable y había mucho movimiento por las calles, sin prisa, puesto que el tren salía a las 11 y media, me dirigí a la estación y tras coger mi línea, en pocos minutos estaba en las inmediaciones de la famosa playa de las Catedrales. Sabía que no podía esperar a que la marea bajase completamente y eso le quitaría gracia a la visita pero aún así estaba decidida a conocerla. Me pareció una playa bonita y aunque no pude pasar por debajo de los arcos de roca tan espectaculares de las fotos, me gustó la visita. No me demoré mucho, tenía por delante una jornada de bastantes km y un tanto incierta. Me despedí del mar con una foto de recuerdo que me hicieron unos turistas a los que acababa de hacer una foto similar. La pongo a continuación porque es una de las pocas que tengo donde  salgo yo, y además con mi inseparable bordón, ji,ji.

   

en la playa de Las Catedrales

De nuevo en marcha, me dispuse a hacer una jornada fuera del camino por una ruta que había sacado de internet, una locura, y en el fondo supongo que lo sabía pero aún así con esa terquedad típica mía decidí embarcarme en una arriesgada aventura.

A la altura del círculo lítico A Roda me paré a descansar y comí algo. Me encantan las estructuras megalíticas, dejan a la imaginación todo tipo de posibilidades sobre su construcción. A quien no le apasione el tema solo verá una ruina de algo que desde el cielo es circular, pero a mí estos sitios me cargan las pilas y esta parada había decantado la balanza hacia esta ruta alternativa.




Tras el descanso, inicié la subida de Barreiros y en seguida las cosas se complicaron. En un momento dado, tenía que tomar un camino a la derecha que me llevaba por una antigua calzada romana hasta una rotonda, dirección a Gondán. Pero el camino estaba totalmente cerrado, la naturaleza se había adueñado de él y era imposible pasar. Pasado el mediodía, la posibilidad de dar la vuelta no era una opción, así que consulte mi móvil para ver si maps me sacaba del apuro. Sin cobertura, creí me iba a dar algo pero continué caminando, en el ascenso cabía la posibilidad de que la recuperase, entretanto y por las fotos aéreas de la zona que había guardado en el móvil, esperaba encontrar otro camino a la derecha que enlazase con esa antigua calzada romana.

Apareció un nuevo camino a la derecha y un tanto inquieta lo tomé. El ascenso continuaba y la cobertura seguía de vacaciones, no obstante en algunas partes del suelo que pisaba asomaban piedras grandes y planas que apuntaban a una calzada enterrada, lo cual me tranquilizaba un poco. Sabía que me dirigía al sur y de cuando en cuando me volvía de espaldas para asegurarme de que el mar seguía enfrente. El problema vino cuando dejé de ver el mar, no sabía ni cuanto tiempo llevaba ascendiendo, caminaba como una autómata por un paraje muerto con la única idea de coronar cuanto antes la dichosa subida que se me hacía eterna,  así que la falta de mi única referencia me cayó como una losa.

Soy de carácter optimista y antes de derrumbarme trato de explorar todas las posibilidades y encontrar una salida, pero el asunto pintaba tan mal que no tardé en entrar en modo drama y permitir a mi mente que me torturase bien. La tarde avanzaba y estaba en medio de la nada, seguía sin cobertura y no estaba preparada para hacer noche al raso en algún punto de un monte despoblado. Caminando  sin saber si iba en buena dirección, me daban ganas de sentarme en el suelo y echarme a llorar, pero continué, caminaría aunque fuese en círculos hasta que el cuerpo me dijese basta ya. El único que sabía mi ruta era Rufo, no dije nada a mi familia porque seguramente me iban a echar un buen rapapolvo, soy así. Pensaba en la llamada que Rufo había prometido hacerme a última hora de la tarde para saber que todo había ido bien como última esperanza ... .

Cuando mi ánimo estaba en sus momentos más bajos, escuché algo, oía perfectamente el mugido de las vacas, o toros, daba igual. ¡Por fin había llegado a la civilización!. Traté de ver algo a través de los altísimos matorrales pero nada, solo podía intuir una pradera con un rebaño de animales al otro lado. Avancé los últimos metros del camino como si me impulsase un huracán y llegué a una encrucijada, se parecía mucho a lo que tenía anotado en mi trazado pero en esos momentos ya no sabía qué pensar. Había desembocado a una carretera de asfalto muy ancha, en la que cabían perfectamente dos coches y me quedé mirando perpleja a derecha e izquierda, estaba en la cima y ambas opciones me llevarían sin duda a algún pueblo. Pero al fondo, a través de una pradera, descendía un sendero estrechito que cuadraba bien con lo que tenía que encontrar en la ruta planificada. Dudé un buen rato, y seguí de frente, iniciando el descenso. El camino discurría entre praderas en las que pastaban vacas y de cuando en cuando hasta se veía algún pájaro, después de la nada asfixiante este paisaje me parecía el paraíso, pensé hasta en abrazarme a un árbol pero por alguna razón no podía parar de caminar y seguí descendiendo. Al poco, o eso me pareció, el tiempo se estira y se encoge a veces de manera extraña, vi el final del camino que acaba en lo que parecía otra carretera asfaltada. No me lo podía creer, tenía una foto en mi móvil de la imagen que estaba viendo en ese momento. Aceleré aún mas el paso y salí a la rotonda esperada. Al fin se había acabado el suplicio, no obstante, el desgaste emocional y físico me estaba pasando factura y tomé la carretera comarcal desierta como un alma en pena. Mi único consuelo era que cada vez estaba más cerca de mi siguiente parada, en el Tentempié Peregrino, donde podía recuperarme un poco. Pero las cosas no estaban saliendo como yo imaginaba, al llegar me encontré cuatro casas vacías y el Tentempié cerrado. Vaya, tendría que seguir caminando algunos km más sin poder relajarme un poco.

Fui consumiendo km hasta llegué al bar La Curva, y por fin pude sentarme, liberarme de la mochila y tomarme un té que me supo a gloria bendita. Estaba en otro planeta en donde todo era paz y felicidad cuando me sobresaltó el teléfono, ya tenía cobertura. Era Rufo que me llamaba para ver como iba la jornada. Charlamos un buen rato, le hablé por encima de la mala experiencia del recorrido y me recordó que a pocos metros del albergue tenia una pequeña tienda con huevos de casa, que le había comentado que me gustaban mucho los huevos fritos y en ese albergue había cocina y todo lo necesario. Tras despedirme de Rufo y del bar también proseguí para rematar los últimos kilómetros. En ruta, llamé a la hospitalera para avisar de que llegaba algo tarde, a ella no le pareció raro, me dijo que era una jornada larga, casi se me escapa la risa pensando en que ni se imaginaba lo larga que se me había hecho, al menos estaba recuperando el buen humor.

Y llegué al Tótem, estaba tan cansada que no me acerqué a por los huevos, subí directamente a la planta de las habitaciones. Tras ducha, colada y ropa de descanso, fui a la cocina y rematé la poca comida que tenía en la mochila, a continuación mandé un wasap a casa y tras ponerme el pijama me metí en a habitación y abrí la camita que me llamaba como la flauta a los niños de Hamelin. La ventana estaba abierta y sentí frío, vi que mi compañera de habitación tenía una manta y le pregunté dónde podía conseguir una, me dijo que tenía que ir a la planta baja, buf, ni lo dudé, me metí en la cama para abandonarme al sueño. Mi compañera amablemente cerro la ventana, bajó la persiana y puso una luz tenue para seguir leyendo sin molestar. No tardé ni cinco minutos en dormirme, el día había sido demasiado intenso.


15 comentarios:

  1. m maravilla como escribes
    tienes luz en las palabras
    me encanta como redactas
    cada situacion que te pasa
    te felicito
    te dejo un abrazo y las huellas de mi casa

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    1. Soy un tanto aventurera y ese día fui muy imprudente. Pienso a veces que tenemos un ángel de la guarda que nos saca de las situaciones más insólitas, pero es mejor no llevar las cosas tan lejos.

      Gracias por tus palabras, besos Mucha.

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  2. Vaya día malo que pasaste... pero bueno, bien está lo que bien acaba.
    De todo se aprende, verdad?
    Y crecemos con cada dificultad que superamos.

    Besos.

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    1. Fue un día extraño, es bueno tenerla confianza en uno mismo pero me arriesgué mucho. Tendría que haber aprendido bien la lección pero unas jornadas después, olvidado el mal trago, volví a
      repetir el error de salirme del camino y de nuevo lo pasé fatal, pareciera que necesitaba una segunda bofetada ja,ja,ja,ja.
      No obstante, recordando todo lo que fue el camino a Santiago pesan más los buenos recuerdos y esas jornadas me enseñaron mucho sobre mi, algunos puntos fuertes y mis debilidades recurrentes.

      Un besito Toro, buen día.

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  3. Me gusta tu blog,Ana. Casualidades de la vida, tenía hace años un blog con el mismo tema de diseño que utilizas para el tuyo y trataba de naturaleza y senderismo.
    Tendré que ponerme al día en tus publicaciones sobre el Camino de Santiago. El Camino es como una experiencia de vida, con días buenos y otros no tanto, pero todos suman de cara a esa gran aventura.
    Besos.

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    1. Me alegra que te guste, yo he curioseado en los tuyos y me han gustado también. En cuanto al Camino, no lo suelo poner la palabra en mayúsculas aunque tiene mucho sentido como gran experiencia que fue, hubo de todo pero cada obstáculo se supero y aprendí mucho, de la vida y sobre todo de mi misma. Ese soltar lo superfluo y viajar ligera no tiene precio, puedes ver el mundo de forma más sencilla, sin tantas complicaciones.

      Besos José Luis.

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  4. ¡Uau! Qué aventura. Así es como se siente la vida de verdad, ja, ja, hay que salirse del camino de vez en cuando :). Me ha encantado seguirte, tus sensaciones al perderte, y luego encontrando la ruta, y aun más con el premio de la camina y ¡la bienvenida al mundo!
    Genial. Y qué bien lo has narrado.
    Un abrazo, caminante :)

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    1. Yo me salgo del camino establecido con frecuencia, ji,ji, en este caso pasé un mal rato, pero es cierto que la vida hay que sentirla y si no corres algún riesgo puedes acabar dormitando en vez de vivir aprovechando lo que te regala. Perderse y encontrar la salida tiene su premio, sí, la emoción es la cualidad humana por excelencia, que nunca nos falte.

      Un abrazo y un beso Volarela.

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    2. vivir aprovechando lo que la vida te regala

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  5. Leído el parte del día, me quedo con esa imagen simpática de caminante determinada que se monta rutas alternativas... Cómo si las establecidas ya no tuviesen su propia envergadura. ¡Pero así es ella! ¡Terca! Creo haberle oído por ahí.

    Gran abrazo Ana.

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    1. En principio esta ruta alternativa me quitaba kilómetros y parecía perfecta para acercarme a conocer ese Círculo Lítico, no se me ocurrió pensar que podía perder la cobertura y verme tan desamparada. Lo cierto es que salió bien pero fue una opción más arriesgada de lo que suponía.
      Lo de mi terquedad es un hecho, me cuesta tirar la toalla, pero bueno, el camino me dio otra lección más, mejor no salirse ni no sabes bien dónde te vas a meter ji,ji.

      Besitos y un gran abrazo Ernesto.

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  6. qué guapa en la foto!! con la equipación completa de peregrina. :)
    conozco esa angustia cuando uno se pierde, cosa que me ha pasado más de una vez, ya que el sentido de la orientación no es lo mío. pero en medio del campo, en lugares que quizá google maps no reconoce, debe ser peor. debiste sentir un gran alivio cuando encontraste el camino de nuevo. y sentarte a descansar y tomar un té en ese bar, seguro que te sentó muy bien después de la tensión por la que habías pasado. bien está lo que bien acaba.
    besos!!

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    1. Gracias por el piropo Chema, me hace gracia verme con el equipamiento peregrino, medio año después esa foto aún me saca una sonrisa.
      El problema que tuve ese día no fue por google maps, al contrario, como era una zona despoblada cogí de maps (con botón encendido + bajar volumen) fotos de la zona por si me fallaba la navegación. Lo raro, rarísimo por cierto, es que me quede sin nada de cobertura, ni para hacer llamadas. Al final creo que fui por donde tenía que ir y todo salió bien. La parada del té, una maravilla!! es esa terracita solté toda la angustia sí, hay que ver que mal se pasa cuando te pierdes y no sabes por dónde vas.

      Muchos besos Chema!!

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  7. También creo que si tu intuición te pide salirte del camino, mejor escucharte aunque sobrevengan dificultades... fueron momentos complicados que superar y lo fuiste haciendo paso a paso.
    Me encanta leerte, Ana, se queda uno enganchado a tu relato deseando saber como sigue... Gracias1 Besos!!

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    1. La intuición, que parece que no tiene buena fama, a menudo me ha sacado de algún que otro apuro. Me alegro un montón de que te guste leer las aventuras de mi camino, por mi forma de ser me metí de lleno en ese recorrido, incierto a veces, pero lleno de detalles muy gratos. Estoy a la mitad, más o menos, todavía queda mucho por contar. Gracias por tus bellas palabras.

      Besitos Milena!!

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