"DE NADA PUEDO HABLAR COMO MAESTRO, DE TODO COMO ENTUSIASTA" JOSÉ ORTEGA Y GASSET

martes, 18 de enero de 2022

CAMINO DE SANTIAGO POR LA COSTA: LA CARIDAD-RIBADEO, MARTES 29 DE JUNIO

Todos dormían cuando sonó la alarma, con cuidado recogí mis cosas y tras prepararme bajé a la silenciosa cocina, tomé fruta y rayando el alba me puse en camino.

Amaneció un día espléndido, lo que hizo que la caminata fuese muy llevadera. Qué diferencia con el día anterior, tenía el corazón alegre y veía belleza por todas partes. Cuando ya estaba cerca de Tapia de Casariego me encontré a Luigi y su tío. Estaban apartados a un lado del camino, algo les había detenido. Me acerqué y nos saludamos afablemente, con ese cariño que te sale cuando ves a un compañero. Me contaron que una de las bicis les estaba dando problemas. Creo que ya lo comenté en su momento, venían en bici desde Italia, por la costa mediterránea inicialmente y entrando a España por la cantábrica. Se estaban planteando abandonar, parecía serio. Hablamos un ratito, no quería hacerles perder tiempo y no paré demasiado, nos despedimos con un abrazo y me desearon buen camino. En mi interior sentía lástima de verles en esa tesitura pero ellos no parecían muy afectados, supongo que cuando llevas tantos km a la espalda la meta pierde peso y dar la vuelta en el último tramo costero igual no era tan mal final.

Y llegué a Tapia de Casariego, ya había recorrido 10km. casi la mitad de la jornada. Como en el albergue no había tomado café, lo primero que hice fue sentarme en una terraza que vi apetecible y pedir un café con leche y un croissant, la brisa marina me había abierto el apetito. El cielo estaba completamente azul y la temperatura era agradable, así que me tomé mi segundo desayuno con calma, en mi línea. A continuación fui a sellar la credencial y a dar una vuelta por el pueblo. Hacia bastantes años que no estaba en Tapia pero comprobé que todo seguía igual, me vino el recuerdo de un fin de semana de camping  en el que nos desapareció la tarta de queso que habíamos comprado. Precisamente en ese finde en Tapia estaba Héctor, el amigo montañero que dio nombre a mi bordón. Quedamos desolados cuando nos vimos sin postre, aunque el disgusto nos pasó rápido, con veintitantos años todo era divertido y recuerdo que nos arreglamos con unos helados.


Un último vistazo al mar

  

Paseaba tan feliz por Tapia cuando fui consciente de que eran casi las 12 del mediodía, hora de continuar, el sol empezaba a calentar de lo lindo y sabía que aún siendo bastante llano, caminar en las horas centrales del día podía hacerse pesado.


Recordatorio para peregrinos


A la salida del pueblo me encontré un puesto ambulante de frutas, me paré y el vendedor me recomendó unas cerezas, por cierto, muy ricas. Fui comiéndolas buena parte del camino, hasta que las acabé. La temperatura iba en aumento, el sol estaba eufórico y llego un momento en el que empecé a notar demasiado calor en los pies. No esperé a encontrar un sitio donde sentarme, en el suelo sobre la verde alfombra que cubría un lateral del camino me descalcé y puse las sandalias de montaña. Al ser la hora de comer apenas había gente, menos mal, con las sandalias y los calcetines estaba bastante cómica, pero la comodidad manda en estos casos.

Cuando el sol perdió parte de su vigor del mediodía me volví a calzar los playeros, siempre sujetan mejor el pie y además ya estaba cerca de Ribadeo. En la terracita de una gasolinera que probablemente sea el último negocio de mi región, paré a tomarme un té y echar un ojo al itinerario hasta el albergue, incluía parada en un cajero más la compra para la cena y la comida del día siguiente.  Continué la marcha y crucé el puente de los Santos, y tras las dos paradas llegué al Viruxe. Allí conocí a Rufo, asturiano que se había asentado en Galicia y que era un encanto de persona, me comentó que era amigo del dueño del albergue y llevaba allí unos días. Tras la ducha y las labores peregrinas salí a sentarme al exterior y ahí estaba Rufo, esperándome con una cerveza en cada mano y una sonrisa de esas que contagian por lo campechanas que son. Estuvimos hablando toda la tarde, había vivido en Mieres un tiempo y no coincidimos seguramente porque aunque soy mierense en esa época yo vivía en Gijón, aún así por lo que me contó teníamos sitios predilectos en común.

Entramos a cenar, y a continuación fui a mi habitación para dejar preparada la mochila para el dìa siguiente. Cuando acabé, salí de nuevo al jardín con la idea de relajarme viendo las estrellas, pero no pude ver gran cosa, se había nublado completamente. Y de nuevo apareció Rufo con un par de cervezas, sin duda era un gran amante de esa bebida. La noche era cálida y disfruté muchísimo de la cerveza  y de la conversación. Me acosté un poco tarde pero no suponía ningún problema, no madrugaba al día siguiente, pues el tren que me llevaría a la playa de Las Catedrales salía a la 11 y media de la mañana.


El puente de Los Santos. que une las dos regiones


12 comentarios:

  1. Parece que este día fue bastante plácido y además en buena compañía.
    Dan ganas de irse a vivir a la primera foto!!!, qué paisaje tan bonito.

    Besos.

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    1. Ese pueblo me trae recuerdos de juventud, de ansias locas de vivir, de equivocarse y reírse ante la propia memez. Fue un día plácido, sí, y tuve suerte de conocer a Rufo. Además el paso por esa costa me hizo recordar aquella que fui, algún poso ha quedado de aquellos años despreocupados.

      Muchos besos Toro, buen día!!

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  2. Vaya, veo que te pide el cuerpo seguir haciendo el camino del recuerdo, que acaso es como vivir dos veces el camino original y su caminata. Me parece un extraordinario ejercicio el de la memoria y el de las emociones que te siguen nutriendo. Un buen camino también escribir cuanto quieras de aquello. Buen miércoles caminante.

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    1. Si, así es. Sin prisa, en los ratos en que puedo recrearme en esos recuerdos, voy reviviendo cada etapa. No va a tener continuidad respecto a las entradas del blog porque con éstas me tomo mi tiempo, como dices es un buen ejercicio, muy grato.

      Qué se te presente un buen miércoles igualmente, besos Fackel!!

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  3. ¡Hay que ver el juego que dan una cerveza en cada mano! Bueno, igual fueron dos... :))))))

    El relato pormenorizado. Quien se pierda por el camino será porque no ha seguido tus pasos.

    Gusta verte tan alegre.

    Abrazos Ana.

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    1. Yo fui muy de beber cerveza, hace bastantes años. Hoy por hoy es raro que la tome, pero cuando te la ofrecen con tan buen talante, imposible negarse. Cayó una en la tarde y otra en la noche, más que suficiente, soy consciente de que no tengo gran resistencia al alcohol y para qué arriesgarse a sentir resaca al día siguiente ji,ji.
      Pongo todos los detalles que me vienen a la cabeza, esa forma de ser viene de serie, ja,ja,ja,ja. Este fue una buena jornada, de esas que te sacan una sonrisa cuando estas escribiendo.

      Un beso y buen día Ernesto!!

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  4. Me encantan los relatos del camino y los leo todos aunque a veces no comente, gracias entonces! Saludos.

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    1. De nada, y no tienes porqué comentar, escribo éstas entradas encantada y no es necesaria la motivación extra de los comentarios.

      Un besito JLO!!

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  5. Fantástico seguir leyendo sobre tu camino, Ana, gracias!

    Besos

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    1. De nada, como ya dije (y me repito mucho, lo sé) escribo la historia del camino muy contenta, y que os guste es mejor aún.

      Muchos besos Milena!!

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  6. desayunaste café con leche y croissant? a ver si vas a ser como superlópez. ;)
    https://i.postimg.cc/MZNKnXNZ/superlopez.jpg
    las cerezas están ricas, y por cierto, yo me apellido cerezo. ^_^
    no te animaste a quitarte los calcetines? quizá hacía frío para eso. :)
    una cerveza fresquita seguro que te sirvió para hidratarte. y qué buena sensación, conocer gente maja durante el viaje.
    besos!!

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    1. Eres la caña Chema, capaz de encontrar de encontrar la viñeta apropiada para cada ocasión, qué bueno!!.
      Y qué gracia la casualidad de tu apellido, cuando alguien alaba las cerezas de alguna forma te hace un cumplido, ji,ji.
      No me quite los calcetines ja,ja,ja,ja, porque llevaba unos especiales con zonas protectoras y los pies bien untados de vaselina, buen calcetín y buena capa de vaselina es fundamental para la herramienta clave del camino. Y si se nota calor en los pies, o bien cambias a sandalias, o te descalcas y los aireas un poco para evitar las temidas rozaduras.
      Tomarte una cerveza en buena compañía es una de las cosas agradables que te puede ofrecer esa vida de caminante. Tuve suerte, a lo largo del camino me encontré gente muy diferente y en ocasiones me hicieron sentir como en casa.

      Un besito Chema, qué tengas un estupendo día por delante!!

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