sábado, 6 de abril de 2013

Pesares: la conversación del autobús


Esta mañana el autobús iba casi vacío. Un habitual del recorrido se puso a charlar con el conductor. He de decir que esta empresa de autobuses está haciendo pasar verdaderos apuros a sus empleados, y que no deja de sorprenderme que muchos de ellos sigan hasta con buen humor al pie del cañón tras meses sin cobrar el sueldo.

Figura de un angel que suplicaLa conversación fue variada pero siempre con el trasfondo de la desazón por cómo estan las cosas. 

El conductor comenzó quejándose, como no, de que se había levantado a las 5 de la mañana y que pegado al volante iba y venía sin saber si este mes lo cobraría. El pasajero asentía, probablemente sin saber bien que decirle. Finalmente saco el tema del continuo cierre de negocios, vivo en una cuenca minera y aquí el futuro se presenta especialmente negro.

Ambos coincidieron en que las prejubilaciones fueron un caramelo envenenado, que ilusos algunos, buenos ingresos al principio pero cuando llega la verdadera jubilación ya no es para tanto, y hay que mantener a los hijos y a los nietos, que están en casa porque no se han buscado alternativas al cierre de las minas.

Criticaron con acidez al actual gobierno, y al anterior, por tantas promesas que hicieron, y todas ellas se las llevo el viento.

Se hizo un silencio y tras un rato, el pasajero saco el tema del nuevo Papa, a lo que el conductor replico que no tenía nada en su contra pero que lo de compartir le sonaba a chiste, que el sobrevivía como podía y que al Papa le diría: comparte, si, comparte ... tú que tienes... . Me sonó tan amargo y tan real que me sentí contagiada de su pesadumbre, cuanto cinismo hay en las altas esferas.

Como no, también hablaron de la imputación de la infanta Cristina y de que por mucho revuelo que se armase, nadie se atrevería a condenar a la hija del rey. Y hablaron de Bárcenas y del escándalo de los ere andaluces y de la ambigüedad de  los sindicatos, y de todo el circo político que es nuestro país en estos momentos.

Yo asentía en mi interior a sus reflexiones y tal vez también los otros dos pasajeros, mirábamos por la ventanilla pero la conversación inundaba el autobús, sin música de fondo, sólo una especie de debate que no era tal, pues ambos opinaban los mismo y sólo se reafirmaban en sus pesares.


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